martes, 29 de mayo de 2018

Carta de un borracho

Primero de Mayo, día del trabajo. ¡Qué bueno que no hubo que trabajar! El radiante sol me abrazaba con el calor de sus brillantes rayos, opacados ocasionalmente por unas rechonchas y coposas nubes que, se me antojó, también salieron a solearse, aprovechando el descanso impuesto que supone el día. Estando a centímetros de aplastar un poco de césped con el trasero me percaté de un e-mail de Manuel. El césped se salvó y con algo de entusiasmo supe que los recuerdos de este día también se salvarían, de ser olvidados. ¿Manuel? —me dije— y no pude evitar recordar gratos momentos con ese gran amigo, compañero de aventuras al que no veo hace algunos años. El correo fue enviado a las cuatro de mañana y llevaba un título que no tardó en despertar mi curiosidad y extrañeza; "Carta de un Borracho" le había puesto.

lunes, 16 de abril de 2018

Certezas

Hoy, pese a lo que pasa allá afuera, me pareció un día tranquilo. Casi no he mediado palabras con nadie. En la mañana me atrajo el paisaje que me cruza siempre que voy al trabajo; todo estaba radiante. Por propia iniciativa fui bañado por el sol, en el camino me pareció distinguir el canto de hasta cuatro pájaros distintos, tuve ganas de saber el nombre de las plantas que pasaban y envidié a las despreocupadas personas que creí ver a lo lejos. ¿Aprecié la rutina?, tal vez. Quizás sólo se me olvidó lo monótono de todo esto.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Una noche, casi cualquiera

Un sonido metálico, la llave gira y él ingresa sin vacilar. Ella lo sigue sin prisa y con una extraña sensación de alivio e incertidumbre reflejada en su rostro. Cuanta caballerosidad se observa. Dejan las bolsas de las compras a un costado de la cama más grande; él va al baño y ella, sentada sobre la cama de antes, abre una lata de cerveza y toma el primer trago.

martes, 21 de noviembre de 2017

Domingo

El amanecer se filtra a través de las rendijas de mi puerta. Tan familiar. Mi cuarto iluminado, los estantes, el escritorio, el cuadro colgado en la pared, el piso con sus rayaduras, las sandalias que ayer dejé tiradas en cualquier parte y los olores de todas las cosas, ya nada de eso me extraña. La rutina mata todo tipo de interés en las cosas. Mi estómago recibe el desayuno sin siquiera darle los buenos días y mi cuerpo se baña como si estuviera en una máquina de lavado automático.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Sobre la felicidad

25 de septiembre, una fecha especial —bueno, no realmente, pero empezar la entrada con aires de importancia me hace gracia—. Casi no recuerdo haber subido las escaleras, ni haber estado en el bus, ni haber metido los informes en el maletín. ¿Metí los informes al maletín?. He interiorizado toda la ceremonia desde despertar en la cama hasta llegar a mi jaula de trabajo y, como añadidura, ahora soy casi un experto repartiendo unos fríos e impersonales saludos matutinos: ¿Qué tal susana?, buen día, ¿cómo estuvo el aniversario de tu sobrina el fin de semana?; ay Antonio, no te imaginas lo aburrido que fue eso, aguantar a todas las demás tías de Lupe, ¡qué fastidio!, que tengas buen día. Hey Camilo, ¡buenas mañanas! ¿y esa cara?, ¿cómo van los Camilitos?, eres todo un padre de familia jaja; Ehh, ahh, sí Antonio, buen día, buen día, espero que tú en vez de mellizos algún día tengas trillizos u octillizos de una vez, un poco de justicia en el mundo no estaría mal. ¡Hey Toñito!, felices tres años en la empresa, todo un hombre de Marketing, hecho y derecho; ¿qué tal Pedro?, tú siempre tan al día con las fechas intrascendentes.

jueves, 3 de agosto de 2017

Destino y Esperanza, recuerdos de infancia

Hace frío. El amanecer ya no calienta la ciudad como antes. Ahora hasta él muestra su indiferencia. Pero eso no importa, la rutina se impone y he despertado, me he levantado, me he lavado los dientes y me he bañado. Un baño frío. Casi no recuerdo haber desayunado y ahora estoy sentado en el asiento de un anónimo bus que me lleva a mi destino ¿mi destino? ¡No! —me digo a mi mismo—, no estoy yendo a mi destino. Ni siquiera estoy sentado dentro de una metálica caja con ruedas, con las ventanas empañadas por la niebla. Niebla que aún no se ha ido, como si no se hubiera enterado de que ya es de día. Y es que pese a que mi cuerpo esté depositado en uno de estos asientos, pese a que mi frente se resbale en la ventana al ritmo de los baches, yo se que no estoy ahí.

sábado, 3 de junio de 2017

Divagaciones, indecisiones

¡Hola! a cualquiera que esté leyendo esto. Como es costumbre, las entradas de este blog son prácticamente un accidente. Creo que es mejor dejarlo así, a estas alturas lo que menos me interesa es atraer público, o las expectativas que este pueda tener del blog. Es mejor no pensar en que lo que aquí escribo puede ser leído por cualquiera. En lugar de eso quiero anunciar —¿anunciar?— que desde ahora voy a tratar a este sitio como a un archivo personal de las cosas que me provoca escribir con el pretexto de mostrar algún dibujo que haya hecho. Vamos, para dejarlo claro, que desde ahora voy a tratar al blog como a uno de esos triviales diarios de adolescente —si es que esas cosas aún existen— que puedes leer o dejar de hacerlo sin haber ganado ni perdido —salvo tiempo— nada importante en el proceso.

A ello entonces. Estos últimos días me he sentido incompleto, casi podría decirse que me han amputado una parte del cuerpo, sin mi consentimiento. Me veo y observo a un pobre infeliz forzado a vivir en un mundo que no está adaptado a sus limitaciones. Me siento como el personaje secundario de un drama sin final feliz: Se que mi situación no es un completo desastre como el desgraciado protagonista, pero tampoco puedo sonreírle al gordo antipático llamado Destino. Por que sí, hoy se me antoja que el destino es un gordo antipático, que cuando lo veo lo único que hace es burlarse de mí, ponerme el pie para que tropiece; pero cuidándose de que no vaya a caer tan duro —muy considerado el gordo—.

sábado, 18 de junio de 2016

Pingüinos

Hola, esta vez no tengo mucho que decir, o mejor dicho no encuentro nada coherente e interesante que escribir. Así que en lugar de aventurarme con cualquier cosa que termine siendo poco más que un desperdicio, prefiero excusarme de esta forma.

sábado, 16 de abril de 2016

Mi crisis electoral y J.M. Coetzee

"La televisión. ¿Por qué la veo? El desfile de políticos todas las noches: solamente tengo que ver esas caras toscas e inexpresivas [...] Los matones de la última fila de pupitres de la clase, chavales torpes y huesudos, ya crecidos y ascendidos para gobernar la tierra [...] una plaga de langostas negras infestando el país, masticando sin cesar, devorando vidas. ¿Por qué los sigo mirando, si me llenan de horror y de asco? ¿Por qué dejo que entren en la casa?..."
La edad de hierro de John M. Coetzee.
Hola nuevamente fiel lector, lector de paso o, quien sabe, visitante accidental. El día de hoy o mejor dicho estas últimas semanas no he podido hacer otra cosa que no sea lamentarme. Sí, lamentarme. Nada más. Lamentarme de la suerte de mis hermanos, del porvenir de mi querida tierra, de los tristes y oscuros tiempos que tendrá que soportar.

lunes, 21 de marzo de 2016

La maravillosa pesadilla de estar vivos

"La vida es la desgracia de observar la porquería en que estamos convirtiendo al mundo; un mundo en el que, sin embargo, podemos encontrar cosas tan maravillosas como el arte, la literatura, la ciencia y el amor."
Anónimo
Heme aquí otra vez, empeñado en provocar el derroche de tu tiempo, apreciado lector, en este rincón de la blogósfera. Como si no tuvieras suficiente ya con toda la avalancha de responsabilidades y distracciones que debes soportar en tu vida. Pero así somos por aquí, nos gusta la impertinencia.

El otro día una querida amiga, algo turbada, medio en serio y medio en broma, me contó uno de sus sueños recientes. Era una pesadilla.